Sumo: la historia de una banda que cambió para siempre el rock argentino
Sumo fue mucho más que una banda de rock. Durante apenas unos pocos años, el grupo encabezado por Luca Prodan consiguió introducir en la escena argentina una combinación original de reggae, punk, post-punk, funk y rock que no se parecía prácticamente a nada de lo que se escuchaba en el país a comienzos de los años 80.
Su historia fue breve, intensa y marcada por una personalidad irrepetible. Sumo nació en el underground, creció en pequeños pubs y terminó convirtiéndose en una de las agrupaciones fundamentales del rock argentino. La muerte de Luca Prodan, en diciembre de 1987, puso punto final a la historia de la formación original, pero no a su influencia.
El nacimiento de Sumo
La historia de Sumo comenzó con la llegada de Luca Prodan a la Argentina en 1981. Nacido en Roma, Italia, el 17 de mayo de 1953, Luca había pasado buena parte de su juventud en Europa y había vivido la explosión musical británica de los años 70.
En Inglaterra había formado parte de proyectos musicales vinculados al ambiente punk y post-punk. Sin embargo, su vida cambiaría completamente cuando decidió viajar a la Argentina, invitado por su amigo Timmy McKern.
Prodan llegó inicialmente a las sierras de Córdoba y pasó un período en la zona de Traslasierra. Allí comenzó a escribir y grabar canciones, mientras descubría un país y una cultura completamente diferentes.
Finalmente se trasladó al Gran Buenos Aires, donde comenzó a tomar forma Sumo.
La primera formación reunió a Luca Prodan, Germán Daffunchio, Alejandro Sokol y la baterista inglesa Stephanie Nuttal. Posteriormente se incorporarían Diego Arnedo y Roberto Pettinato, mientras Ricardo Mollo y Alberto “Superman” Troglio terminarían siendo piezas fundamentales de la formación más conocida.
El debut oficial de Sumo se produjo en febrero de 1982 en el Pub Caroline's de El Palomar. La banda todavía era prácticamente desconocida, pero ya mostraba una combinación poco habitual de reggae, rock y música de raíz británica.
Sumo y el nacimiento del rock alternativo argentino
La Argentina de comienzos de los años 80 atravesaba un período de enormes transformaciones. La Guerra de Malvinas de 1982 produjo, entre otras consecuencias culturales, un fuerte rechazo hacia la música cantada en inglés.
Paradójicamente, Sumo había construido buena parte de su repertorio inicial en ese idioma.
La banda no parecía demasiado preocupada por ajustarse a las reglas de la industria musical. Su propuesta era diferente: canciones en inglés y español, reggae, punk, funk, rock pesado y una puesta en escena dominada por la personalidad de Luca.
La salida de Stephanie Nuttal, quien regresó a Inglaterra durante la Guerra de Malvinas, provocó cambios en la formación. Alejandro Sokol pasó a la batería y Diego Arnedo ocupó el bajo.
Más tarde llegarían Ricardo Mollo y Alberto “Superman” Troglio, consolidando la formación que se convertiría en la más recordada de Sumo.
Durante esos años, el grupo se convirtió en una de las principales atracciones del circuito underground porteño, compartiendo protagonismo con bandas como Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
“Corpiños en la madrugada” y el primer Sumo
Antes de conseguir un contrato discográfico, Sumo registró “Corpiños en la madrugada”, un cassette independiente del que se realizaron solamente unas 300 copias.
Ese material permitió que las canciones de la banda comenzaran a circular por el circuito underground.
La propuesta era todavía más cruda que la que aparecería posteriormente en los discos oficiales. Había reggae, punk, rock y una fuerte influencia de la música británica que Luca había conocido durante su juventud.
“Divididos por la felicidad”: el primer disco
En 1985 llegó el primer álbum oficial: “Divididos por la felicidad”.
El disco permitió que Sumo alcanzara una audiencia mucho más amplia y presentó canciones que se convertirían en clásicos del rock argentino.
Entre ellas se encontraba “La rubia tarada”, originalmente vinculada a una canción titulada “Una noche en New York City”.
El álbum mostró una característica que acompañaría a Sumo hasta el final: la capacidad de mezclar géneros aparentemente incompatibles.
Reggae, punk, rock y funk podían convivir dentro de una misma obra.
“Llegando los monos”: el salto definitivo
En 1986 apareció el segundo álbum, “Llegando los monos”, un disco fundamental dentro de la historia del grupo.
La producción permitió escuchar a una banda más consolidada y con una identidad mucho más definida.
El álbum incluyó canciones como:
“El ojo blindado”
“Estallando desde el océano”
“Next Week”
“Heroína”
“Que me pisen”
“Los Viejos Vinagres”
El disco tuvo una gran repercusión y convirtió a Sumo en una de las bandas más importantes del rock argentino de mediados de los años 80. “Los Viejos Vinagres” se transformó en uno de los grandes éxitos de la placa.
Sumo en Obras
El crecimiento de la banda quedó demostrado con sus presentaciones en el Estadio Obras.
El grupo que pocos años antes había tocado frente a unas pocas decenas de personas comenzaba a convocar a miles.
El escenario de Obras permitió además comprobar una de las grandes virtudes de Sumo: su enorme potencia en vivo.
Luca no era un cantante convencional. Se movía, provocaba, gritaba, hablaba con el público y convertía cada presentación en una experiencia imprevisible.
Sumo podía sonar agresivo, divertido, oscuro o bailable en cuestión de minutos.
“After Chabón”: el último capítulo
En 1987 apareció “After Chabón”, el tercer gran álbum de estudio de la banda y el último publicado durante la vida de Luca.
El disco contiene algunas de las canciones más importantes de la historia de Sumo:
“Mañana en el Abasto”
“Lo quiero ya”
“Crua Chan”
“No tan distintos”
“La gota en el ojo”
“Ojos de terciopelo”
“After Chabón” mostró a una banda madura, pero también a un Luca Prodan cada vez más deteriorado físicamente.
Entre las canciones más recordadas se encuentra “Mañana en el Abasto”, una particular descripción del barrio porteño donde Luca había vivido. La canción convirtió lugares cotidianos, bares y calles del Abasto en parte de la mitología del rock argentino.
El final de Sumo
El último concierto de Sumo con Luca Prodan se realizó el 20 de diciembre de 1987 en el Club Atlético Los Andes.
Dos días después, el 22 de diciembre, Luca fue encontrado muerto en su casa de Buenos Aires.
Tenía apenas 34 años.
Las fuentes históricas señalan que murió como consecuencia de un paro cardíaco en el contexto de una grave cirrosis hepática.
La muerte de Luca significó el final de Sumo como banda.
Sin embargo, sus integrantes continuarían haciendo historia.
De la disolución de Sumo surgirían dos grupos fundamentales del rock argentino: Divididos, formado alrededor de Ricardo Mollo y Diego Arnedo, y Las Pelotas, encabezado por Germán Daffunchio.
ANEXO: “Los Viejos Vinagres”, una canción mucho más profunda de lo que parece
“Los Viejos Vinagres” es probablemente una de las canciones más populares de Sumo y pertenece al álbum “Llegando los monos”, publicado en 1986.
A primera vista, el título parece referirse simplemente a personas mayores y conservadoras. Sin embargo, el significado de la canción es bastante más amplio.
La expresión “viejos vinagres” no necesariamente describe una edad. Se refiere, en esencia, a una determinada manera de pensar.
Luca llegó a explicar que una persona podía tener 70 años, 60 o incluso 30 y ser un “viejo vinagre”. La edad, por lo tanto, no era lo importante: lo fundamental era la mentalidad.
La canción cuestiona especialmente la superficialidad, la necesidad de aparentar y una juventud demasiado preocupada por la imagen.
El concepto resulta particularmente interesante porque Sumo no se limitaba a criticar a la generación anterior. También cuestionaba determinados comportamientos de los jóvenes de su propio tiempo.
La referencia a la juventud y a la apariencia funciona así como una ironía.
Musicalmente, “Los Viejos Vinagres” se diferencia de muchas otras canciones de Sumo por su fuerte influencia del funk, con un ritmo bailable y una sección de vientos que le proporciona una personalidad muy particular.
El tema fue uno de los mayores éxitos de “Llegando los monos” y contribuyó decisivamente a ampliar la popularidad de Sumo.
Una canción que sigue vigente
Una de las razones por las cuales “Los Viejos Vinagres” continúa siendo escuchada décadas después es que su mensaje no quedó atrapado en los años 80.
La crítica a la obsesión por la imagen, a la superficialidad y a las personas que rechazan la libertad por comodidad continúa teniendo vigencia.
Por eso, el concepto de “viejo vinagre” terminó convirtiéndose prácticamente en una expresión de la cultura popular argentina.
ANEXO ESPECIAL: Luca Prodan, el hombre detrás de Sumo
Luca Prodan nació en Roma el 17 de mayo de 1953.
Hijo de padre italiano y madre escocesa, pasó parte de su infancia y juventud en Europa. Estudió en Escocia y posteriormente vivió en Londres durante los años 70, período en el que entró en contacto con la explosión del punk y las nuevas corrientes de la música británica.
Pero fue Argentina el lugar donde desarrollaría su obra más importante.
Cuando llegó al país en 1981, Luca no hablaba prácticamente español y no parecía tener un proyecto definido para convertirse en una estrella del rock.
Su llegada a las sierras de Córdoba fue fundamental en su vida. Allí comenzó a escribir canciones y encontró un ambiente completamente diferente al de Londres.
Entre sus primeras composiciones en Argentina se encuentra “Winter in the Sierras”, vinculada a su experiencia cordobesa.
Posteriormente se instaló en el Gran Buenos Aires y comenzó a construir Sumo.
Un cantante diferente
Luca tenía una personalidad difícil de encasillar.
No buscaba ser el típico cantante de rock.
Podía cantar en inglés, español o utilizar expresiones provenientes de diferentes culturas. Su pronunciación particular y su manera de interpretar las canciones terminaron convirtiéndose en una de las características más reconocibles de Sumo.
Su estilo combinaba humor, provocación, ironía y una enorme intensidad.
Pero detrás de esa personalidad pública existía también un hombre marcado por problemas personales y de salud que terminarían agravándose durante sus últimos años.
Luca y el legado de Sumo
La influencia de Prodan sobre el rock argentino fue enorme.
Su llegada permitió introducir sonidos que no eran habituales en la escena local y mostró que era posible combinar reggae, punk, funk y rock sin necesidad de respetar fronteras musicales.
También contribuyó a romper la imagen tradicional del cantante de rock.
Luca no intentaba parecer perfecto.
Precisamente sus contradicciones, su acento, su humor y su manera de enfrentarse al público terminaron convirtiéndolo en una figura irrepetible.
Después de su muerte se publicaron trabajos que reunieron grabaciones realizadas durante sus años en Argentina, entre ellos “Time, Fate, Love” y “Perdedores hermosos”.
Una leyenda que continúa
Luca Prodan murió en diciembre de 1987, pero su figura siguió creciendo con el paso del tiempo.
Sumo dejó apenas tres grandes discos de estudio publicados durante la vida de Luca, pero su influencia fue mucho mayor que su corta discografía.
Ricardo Mollo y Diego Arnedo continuarían la historia con Divididos, mientras Germán Daffunchio y otros músicos vinculados a Sumo desarrollarían Las Pelotas.
De esta manera, la banda que había comenzado en el circuito underground de principios de los años 80 terminó convirtiéndose en una de las raíces fundamentales del rock argentino posterior.
Sumo duró pocos años, pero su música consiguió algo mucho más difícil: sobrevivir a su propia época.
Y mientras canciones como “Los Viejos Vinagres”, “La rubia tarada”, “El ojo blindado”, “Mañana en el Abasto” y “Lo quiero ya” continúen sonando, la voz de Luca Prodan seguirá formando parte de la historia de la música argentina.

